Las organizaciones ecologistas solicitan la suspensión de la Media Veda en las zonas afectadas por los topillos





Las asociaciones conservacionistas SEO/BirdLife, WWF/Adena, los grupos ecologistas de Castilla y León (Fundación Global Nature, Ecologistas en Acción, Asociación para la Conservación del Lobo ibérico, Plataforma para la Defensa de la Cordillera Cantábrica, ACENVA y Cantueso) solicitan a la Consejería de Medio Ambiente que el día 15 de agosto no se permita la apertura de la Media Veda en las zonas afectadas por la plaga de topillo. La distribución masiva e incontrolada de veneno que se ha realizado en numerosas comarcas para intentar combatir la plaga, pueden provocar intoxicaciones accidentales, no sólo entre los perros de presa, sino, aun más grave por consumo humano de piezas cinegéticas que hayan ingerido este veneno, poniendo en riesgo la salud de la población. Además la media veda afectará negativamente sobre las poblaciones de predadores, como zorros, que pueden ayudar al control natural de la plaga.

El veneno que más se utilizado para combatir la plaga de topillos en Castilla y Leon es la clorofacinona. Este anticoagulante no sólo pueden ingerirlo los topillos, sino también el resto de animales que habitan en la zona, incluidas las especies cinegéticas (codorniz, tórtola, paloma bravía y torcaz). Por este motivo los grupos conservacionistas ven un claro peligro de envenenamiento humano si se consumen ejemplares que hayan ingerido este producto. Desde que comenzó el tratamiento se han localizado en el campo numerosas palomas y liebres envenenadas, cuyo consumo podría tener efectos fatales sobre los humanos.
Además la propia Junta de Castilla y León, confirma las advertencias de los grupos ecologistas, al efectuar unas recomendaciones a los cazadores, en las que, además de advertir sobre el riesgo sanitario que puede suponer el consumo de animales intoxicados, advierte sobre el posible envenenamiento de los perros y la necesidad de respetar a depredadores naturales.
Las organizaciones ecologistas consideran un contrasentido que se autorice la práctica de la caza cuando la propia administración no puede garantizar la seguridad de los cazadores ni de la población en general y cuando se está utilizando veneno de forma incontrolada tal y como han declarado los propios agricultores ante los medios de comunicación. Por ello las organizaciones solicitan a la Consejería no sólo que no se proceda a la apertura de la temporada de caza, sino que además se investigue este uso ilegal de veneno.
Asimismo también solicitan con urgencia que Castilla y León tenga un “Plan regional contra los cebos envenenados” que ayude a mejorar las poblaciones de especies predadoras de topillos, de cara a evitar plagas como estas en futuras campañas. De hecho, basta una sola pareja de lechuzas para estabilizar la población de roedores en 10 ha.
El uso del veneno está tipificado como delito y por tanto su uso puede ser sancionado por la vía penal y administrativa. En la actualidad el veneno supone la segunda amenaza de mortalidad no natural para la especies silvestres, y Castilla y León, es la segunda comunidad en número de casos detectados de envenenamiento de animales.
La otra medida tomada por la Administración para el control de la plaga en la actualidad es la quema de rastrojos, cuya práctica además de tener un elevado impacto sobre la biodiversidad y aumentar considerablemente el riego de incendios (el 3% de los grandes incendios se produce por quemas agrícolas) se ha mostrado como ineficaz en el control de los roedores. Al contrario, puede agravar el tránsito iniciado por la plaga desde las zonas de secano hasta las de regadío, en busca de refugio y alimento. En este sentido sería una medida mucho más útil para combatir este fenómeno que no se concedan autorizaciones para el control de zorros y córvidos (urracas, grajillas y cornejas), predadores naturales de los topillos, que contribuyen a la regulación de sus poblaciones.
Además de las propuestas anteriores las organizaciones ecologistas proponen como medidas a corto plazo, el control mecánico o con pastoreo de la vegetación en lindes y márgenes de caminos, el levantamiento de los rastrojos en las zonas afectadas y la compensación adecuada de los daños causados por los topillos en las cosechas tanto de secano como de regadío.

Artículo de Cristina Rabadán

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